
Estimados amigos voluntarios de la Parroquia:
Comenzamos la programación de la Parroquia con nuevos ánimos y con nuevas fuerzas. La Iglesia nos llama en este año 2011 tan importante para España, pues tendremos entre nosotros al Santo Padre en la Jornadas Mundiales de la Juventud.
Concluimos algunas cosas:
- Empezamos con una reunión de los catequistas al final de Agosto y allí vimos la necesidad de iniciar el Curso Catequético el día TRES DE OCTUBRE con La Misa del Envío.
- Durante la segunda quincena de Septiembre D. Alejandro se irá reuniendo con todos los padres de los niños, llamados a la catequesis. En cada reunión estarán presentes los catequistas de ese curso.
- Anteriormente desde la Escuela mandaremos una carta a cada familia para invitarle a estas reuniones y para que inscriban a sus hijos en la Catequesis Parroquial.
- Todos los jueves habrá Exposición del Santísimo al terminar la Santa Misa
- Se continuará con el rezo del Rosario diario antes de la Santa Misa: 7’30 h.
- De nuevo con el comienzo del curso y los ánimos renovados, incentivaremos la MISA DE FAMILIA con nuestra asistencia y participación. No olvidéis de coger la Hoja CON VOSOTROS de los domingos y la leáis.
- También os recordamos los grupos de limpieza de la Iglesia.
- Por último os invito a que toméis conciencia de que todos formamos una Familia: la Iglesia de Carrión, y, por lo tanto, tenemos que estar muy unidos en la actividades pastorales; además os invito a que busquéis Catequistas, necesitamos algunas más; si os animáis o sabéis de alguien, también os podéis poner en contacto con el sacerdote o con la responsable de la catequesis: Carmen Velasco.
Mucho ánimo y empecemos a caminar.
Alejandro Molina
1.- RIQUEZAS DE LA LITURGIA
Gestualidad en la celebración eucarística (I) Manuel González López-Corps
(El autor es doctor en liturgia y profesor de dicha disciplina en la Facultad de Teología «San Dámaso» (Madrid).
(Es colaborador habitual de Magnificar).
Para promover y manifestar una participación activa, la reciente renovación de los libros litúrgicos, según el espíritu del Concilio, ha favorecido las aclamaciones del pueblo, las respuestas, salmos, antífonas, cánticos, así como acciones, gestos y posturas corporales, y el sagrado silencio que cuidadosamente se debe observar en algunos momentos, como prevén las rúbricas, también de parte de los fieles (Instrucción Redemptionis Sacramentum, 39).
El Misal recuerda que el gesto y la postura corporal deben contribuir a que toda la celebración resplandezca por su decoro y noble sencillez, de manera que pueda percibirse el verdadero y pleno significado de sus diversas partes y se favorezca la participación de todos. En la celebración importa más lo que aproveche al bien común espiritual del pueblo de Dios, que al gusto o parecer privados (cf. Ordenación General del Misal Romano, n. 42ss).
Recordando...
Oramos con nuestro cuerpo: la gestualidad celebrativa, que han de observar todos los que toman parte en la celebración, es un signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana congregados y a la vez expresión de nuestra vida interior.
Así, estamos de pie cuando todos oramos (por ejemplo, canto de entrada, ritos iniciales y ritos de comunión) o cuando es el presbítero el que ora en nombre de la comunidad al inicio en la llamada oración colecta, en la oración sobre las ofrendas y también en la oración final. En toda la Plegaria Eucarística, en la oración central de la Misa, estamos en pie excepto cuando se invoca al Espíritu Santo para la consagración del pan y del vino, momento en que nos arrodillamos como gesto epiclético. Esta Plegaria, centro y cumbre de toda la celebración, por ser la oración sacerdotal de acción de gracias y consagración requiere que todos la escuchen con reverencia y silencio.
Durante la primera parte de la Misa también nos levantamos para cantar la aclamación antes del Evangelio. Con la postura y con el canto reconocemos la presencia del Señor en su Palabra. Como señal de respeto y veneración, escuchamos el Evangelio vueltos hacia el ambón desde donde el mismo Cristo sigue hablando a su pueblo. Esto nos ayuda a tener en cuenta que «cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su Pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio» (OGMR 9). Estamos de pie también para hacer profesión de fe y para recibir la Comunión.
La comunidad se golpea el pecho como signo penitencial al rezar el «Yo confieso». Sin embargo, los domingos tiene preferencia la bendición y la aspersión con el agua bendita sobre cualquier forma de acto penitencial.
Estamos sentados para escuchar las lecturas anteriores al Evangelio y para la homilía. También, durante la procesión-presentación de las ofrendas y, según las circunstancias, durante el silencio o el canto que sigue a la comunión.
Nos inclinamos al hacer la profesión de fe en las palabras «Se encarnó...» como signo de adoración ante el misterio de Cristo en la realidad de nuestra carne. En este momento del Credo, en las solemnidades de la Anunciación y de la Natividad del Señor, todos se arrodillan. Se hace inclinación, también, antes de recibir la Comunión, a no ser que se vaya a comulgar de rodillas. Asimismo, todos reciben la bendición al final de la Misa inclinados.
Los lectores y los que realizan otros ministerios o funciones en la celebración, si tienen que pasar ante el altar, detienen e inclinan reverentemente la cabeza ante la mesa santa. La inclinación de cuerpo o profunda se hace cuando se pasa ante el altar fuera de la celebración y no está reservado allí el Santísimo Sacramento.
De rodillas, además de lo arriba expuesto, adoramos Señor durante el relato de la Institución eucarística y nos volvemos a poner en pie después de la mostración del cáliz para la aclamación al Misterio de la fe. En la actual edición del Misal(2002) se reconocen motivos para eventuales variaciones. Por ejemplo, «razones de salud» o «la estrechez del lugar, el número de asistentes y otras causas razonables» permitirían permanecer de pie durante la epíclesis y la consagración.
Se hace genuflexión cuando se pasa por delante del Santísimo Sacramento, salvo que se haga procesionalmete. La genuflexión, que se hace doblando la rodilla derecha hasta el suelo, es un signo de adoración. Si el sagrario con el Santísimo Sacramento está en el presbiterio, el sacerdote, el diácono y los demás ministros hacen genuflexión cuando llegan al altar y se retiran de él, pero no durante la celebración de la Misa.
El Misal especifica que los que tengan que permanecer en pie durante la consagración hagan una «inclinación profunda» del cuerpo cuando el sacerdote hace la genuflexión, después de mostrar el Pan y el Vino consagrados.
Por lo que se refiere al rito de la paz, que pretende hacer más explícita la comunión fraterna antes de la comunión sacramental, conviene que cada uno exprese sobriamente el gesto a quienes tiene más cerca. Como no es un gesto obligatorio, en algunos lugares se suprime durante Adviento, Cuaresma, misas de difuntos, etc.
... y concretando
La tercera edición del Misal subraya que en la oración sobre las ofrendas nos ponemos ya en pie para responder
«El Señor reciba de tus manos...». De hecho, la invitación «Orad, hermanos» es ya una indicación al pueblo sacerdo¬tal para ponerse en pie en actitud orante.
Asimismo, cuando la Comunión de la Sangre se hace bebiendo del cáliz, quien va a comulgar, después de haber recibido el Cuerpo de Cristo, pasa al ministro que sostiene el cáliz y permanece ante él. Después de responder Amén y recibida la sagrada copa, la lleva a sus labios con sus manos. Los fieles reciben como don precioso del Señor la santa Comunión: no lo toman por sí mismos ni lo pasan de mano en mano entre ellos.
No obstante, las determinaciones concretas dependen de la Conferencia de los Obispos. En cada celebración, para conseguir la uniformidad en los gestos y posturas, los fieles seguirán las moniciones que pronuncian el diácono o el ministro laico o el sacerdote.
El Misal, en su tercera edición, editado en nuestra lengua por la Conferencia de Obispos de Colombia, prevé estas posibilidades:
1. Los fieles que lo deseen pueden extender las manos durante la oración dominical. Esta oración en forma de cruz fue la clásica durante la plegaria cristiana (cf. Instr. Past. n. 8).
2. El diácono, o en su defecto el presbítero, tras proclamar el Evangelio, pueden elevar el Libro, antes de la veneración habitual con un beso, y mostrarlo a la congregación de los fieles mientras dicen Palabra del Señor. Este signo no se dirige a la materialidad del Evangeliario, sino a la grandeza de su contenido y del Espíritu que lo inspiró (Ibld. n. 13).
3. Se recuerda la posibilidad de recibir la Comunión en la mano -que no puede ser impuesta ni impedida- (Ibtd. n. 18). Los fieles tienen el derecho de elegir la forma en que desean recibir la Sagrada Comunión.
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